El discurso oficial repite hasta el cansancio que todos los males de la Argentina son herencia exclusiva del pasado. Sin embargo, los recientes resultados de las pruebas PISA 2025 demuestran que la crisis educativa no solo no se detuvo, sino que se profundizó alarmantemente bajo la actual administración.
Es innegable que la educación nacional arrastra una tendencia a la baja desde hace más de dos décadas, un dato que los libertarios utilizan como escudo. Pero los números actuales exponen un desplome vertiginoso que ninguna retórica puede maquillar, marcando una aceleración del deterioro en el corto plazo.
Un Desplome Histórico sin Excusas
El presidente Javier Milei insiste en mirar por el espejo retrovisor mientras el sistema escolar se estrella de frente contra la realidad. En lugar de nivelar la curva de aprendizaje como prometía el cambio de rumbo, las cifras de este año marcan un retroceso brutal en todas las áreas evaluadas.
Casi la mitad de los adolescentes de 15 años no alcanza los conocimientos mínimos para desenvolverse en la sociedad actual. Las caídas drásticas de 13 puntos en Ciencias, 12 en Lectura y 11 en Matemática no son un mero arrastre inercial, sino el reflejo de una gestión desentendida de las aulas.
La Emergencia que el Gobierno Elige Ignorar
En Matemática, el escenario es directamente catastrófico y representa el peor registro histórico desde que el país participa en el programa. Hoy, el 76% de los alumnos no puede interpretar consignas básicas ni resolver problemas matemáticos cotidianos.
Mientras tanto, las autoridades nacionales parecen más enfocadas en librar batallas ideológicas y ejecutar recortes sistemáticos que en garantizar un piso de calidad. El desorden, la falta de recursos y el deterioro del clima escolar golpean directamente a quienes intentan aprender en medio de la motosierra.
Un Futuro Hipotecado por la Inacción
Echarle la culpa a la gestión anterior es el atajo más fácil y el recurso más trillado de la política. Pero cuando los indicadores internacionales demuestran una agudización tan severa de la crisis durante el tiempo presente, la responsabilidad política recae sobre quienes hoy ocupan los ministerios.
La educación exige planificación, inversión real y políticas concretas, no discursos de barricada ni chivos expiatorios. Si el gobierno nacional no asume el fracaso de su propia inacción, terminará condenando a toda una generación a la marginación absoluta.




