El mes de la prevención del suicidio nos convoca a mirar de frente una realidad que golpea a nuestra región y que requiere el compromiso de toda la comunidad. Para profundizar en el estado de vulnerabilidad de nuestros jóvenes, dialogamos con el Dr. Malamud, un referente histórico de la pediatría local.
Con décadas de trayectoria en el consultorio, el especialista repasa cómo mutaron las problemáticas desde la vuelta a la democracia hasta la actualidad. En un mano a mano exclusivo para ElValleDigital, analizamos los riesgos, las alertas tempranas y la necesidad urgente de generar redes de contención.
El Peso de la Historia en los Jóvenes
—¿Cómo cambiaron los motivos de consulta relacionados con la salud mental de los jóvenes en la región desde los años ochenta hasta hoy?
—El terrorismo de Estado en el año 80 cambia con la llegada de la democracia, pero todavía estaba en la atmósfera esa expresión tan común de "no hables, no te metas". A partir de los 90, comienza un deterioro muy grande del sistema de salud y aparece la informalidad laboral. Mucha gente perdió su trabajo o pasó a tener su "kiosquito", y los jóvenes cayeron también en una falta de perspectiva.
El Aislamiento en la Era Digital
—¿Qué nuevas presiones enfrentan los adolescentes actuales que incrementan su vulnerabilidad emocional?
—Apareció la hipercomunicación, que trajo a su vez el hiperaislamiento. Esto golpeó enormemente a los jóvenes que antes se reunían en los clubes o en los bailables, y que pasaron a depender de las pantallas. A esto se suma la inequidad económica, el ciberbullying y el consumo de alcohol, que asociado a las motocicletas durante los fines de semana sigue siendo uno de los mayores factores de riesgo.
La Familia ante las Primeras Alertas
—¿Cuáles son las señales de alerta tempranas y silenciosas a las que la familia debe prestar atención urgente?
—Todo cambio brusco en la conducta o en los hábitos cotidianos es motivo de observación: alteraciones en lo alimentario, el descanso, el estudio, el deporte o las relaciones familiares. Hay que estar sumamente atentos si aparecen autolesiones, si el adolescente expresa pensamientos vinculados a la muerte o si regala pertenencias muy queridas.
El Desafío de Escuchar sin Juzgar
—¿De qué manera debe abordar un adulto el tema con un adolescente para lograr que se abra y pida ayuda?
—El adulto tiene que escuchar con una actitud despojada de prejuicios. Debe primar el acompañamiento constante, reconociendo las variables de la normalidad en esa etapa de desarrollo, por lo que la familia no debe escandalizarse bajo ningún punto de vista ante lo que el joven cuenta o sus cambios corporales.
La Falta de Equipos de Contención
—¿Están preparadas las instituciones locales para abordar crisis de salud mental en nuestros jóvenes?
—Hay poca capacidad de contención y acompañamiento en el campo de la salud local. Faltan equipos accesibles, públicos y cercanos; es decir, hace falta el psicólogo, el psiquiatra y la trabajadora social. A nivel educativo el panorama es un poco más estable, pero menos del 50 por ciento de las escuelas tienen protocolos bien desarrollados para atender estas situaciones.
Acción Inmediata ante el Riesgo
—¿Qué acciones prácticas debe tomar el entorno íntimo frente a una sospecha de riesgo concreta?
—La regla de oro es acompañar sin discontinuidad alguna hasta acceder al equipo profesional que lo va a tratar. Si se confirma que la situación de riesgo es real, la acción principal e inmediata de la familia es no dejar solo al joven en ningún momento hasta que esté bajo el cuidado de especialistas.
El Desafío de Tejer Redes en una Sociedad Aislada
El panorama que describe el Dr. Malamud sobre los jóvenes en Punilla refleja una paradoja profunda. Estamos hiperconectados tecnológicamente, pero vivimos cada vez más aislados en el plano humano. El paso de los clubes y plazas a las pantallas alteró las formas de encuentro.
Esto expone a los adolescentes a nuevas violencias, ciberacoso y una vulnerabilidad económica crónica. Frente a este escenario, resulta evidente que las respuestas individuales ya no alcanzan para contenerlos.
La falta de gabinetes escolares y la precarización crónica de la salud pública exigen una reacción urgente del Estado. No se puede delegar toda la responsabilidad en familias que muchas veces están desbordadas.
Sin embargo, la principal conclusión es que la prevención se construye siempre de forma colectiva. La herramienta más poderosa sigue siendo la presencia y una escucha activa, libre de prejuicios.
Acompañar sin discontinuidad, tanto desde el hogar como desde las instituciones, es el único puente firme. Es la clave para detectar a tiempo los pedidos de auxilio y cuidar el futuro de nuestros jóvenes.




